A Dios le gusta el taxi. Un sector como el nuestro ha dado películas tan míticas como Taxi Driver (aunque Dios tuerce el gesto un poco con la temática de la peli) y artistazos como El Fary. Dios aprueba esto. Somos un compendio de lo que es la vida en la tierra (no sé cómo será en el paraíso y si a lo mejor no hay que cargar maletas y podemos poner todos los suplementos que queramos) y dentro de nuestro sector se halla una representante de cada tipo de persona que hay en su particular parque de recreo.

Trabajadoras, lobos solitarios, artistas frustrados, Dandys, sinvergüenzas, hombres lobo aullando a la luz de la luna, pendencieros, ángeles de la guarda, hombres y mujeres tristes, bocazas, escritoras frustrados. A Dios se la ponemos dura.

Pero Dios está triste y mata gatitos, es así. Cada vez que hacemos algo que a él no le gusta mata un minino. Últimamente asiste entristecido a nuestra lucha desigual frente a grandes hijos de puta que solo quieren jodernos. Quiere alentarnos para que actuemos con cabeza, para que no entremos a trapo con las provocaciones y las sabias estrategias que desde despachos forrados con maderas que no sabemos ni que existen diseñan gente que recibe un sueldo para destruirnos.

Nos lanzan a pobres asalariados, como material fungible, a torearnos en todas aquellas ciudades donde cuentan con presencia (eso de presencia es un decir) utilizándolos como vulgares muletas, en este caso negras como sus almas y sus cuentas en Delaware, para que embistamos sin sentido cegados de odio y miedo a partes iguales, sintiendo que una gran parte de la sociedad no comparte nuestra frustración y nuestra desesperación ante tamaña injusticia.

Por ello, Dios, cada vez que ve cómo hacemos alguna tontería, tiene que matar un minino para acallar su pena por un sector que no está actuando con cabeza y en vez de monopolizar la injusticia a la que es sometido malgasta ese “capital” en empujones, huevos y retrovisores rotos.

Dios se retuerce las manos porque otros sectores si han sabido capitalizar esa injusticia como pueden ser los vigilantes del Prat, que, aunque han generado largas colas, no han sido víctima de ataques de las “personas de la calle”, solo de algún liberal y alguna periodista de diario digital que Satán tendrá a bien llevárselas en su momento justo acompañadas de “despacito” puesto en bucle hasta que les sangren los oídos.

Por eso Dios, que no es omnipotente (eso es una falacia) sólo pide a sus dirigentes que actúen con más cabeza, y menos con el corazón, que sepan aprovechar los vientos que soplan a favor de las causas justas y buena (así lo quiere el Señor) y que cuando se haga una huelga (Dios no sabe que opinar de ello, no quiere fastidiar en demasía a sus feligreses en el mundo terrenal, hay que divertirse, la vida ya es muy jodida, os lo dice Dios) nos vean como víctimas y no como verdugos.

Foto de portada por Mihály Zichy [Public domain], via Wikimedia Commons

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